La Biblioteca Nacional abre sus puertas a los niños con la exposición 'El triunfo de la imaginación', que reúne en el hall central la producción literaria y dibujos de Triunfo Arciniegas, autor colombiano que cuenta con una trayectoria de más de 20 años. Ya sobrepasa 40 títulos, tanto de literatura infantil como juvenil, publicados no solo en Colombia, sino en México y España.
La muestra hace parte de un proyecto de la Biblioteca Nacional con el Festival del Libro Infantil, la Cámara del Libro y los libreros, que busca la promoción de la lectura para los más pequeños a través de autores colombianos.
La idea es que los niños de instituciones educativas y la comunidad en general puedan participar activamente de la misma. Es más, se esperan 5000 visitantes entre colegios y público en general.
La exposición tiene programadas visitas animadas que incluyen talleres de lectura. Eso no es todo, como abrebocas a ‘El triunfo de la imaginación’, el pasado 30 de octubre se lanzó el número 3 de ‘Cuadernos de la literatura infantil colombiana’, que será distribuido en bibliotecas y centros de documentación especializados.
Y es que desde el 2007, la Biblioteca Nacional de Colombia inició una nueva línea de acción orientada al estudio y promoción de los mejores autores e ilustradores de la literatura infantil y juvenil colombiana. Con esta iniciativa se busca reconocer y estimular la labor de aquellos autores que dirigen sus creaciones literarias a los más pequeños, contribuir a la divulgación de sus obras y promocionar su lectura.
Sobre Triunfo Arciniegas
Nadie mejor que él para presentarse: “Soy Triunfo Arciniegas, un imaginador, y me encantan los gatos y los unicornios, los libros y Pink Floyd, Marilyn Monroe, Woody Allen y Flaubert, la lluvia desde la ventana y las tardes de niebla, los barcos de papel y las cometas. Escribo y dibujo historias para niños. Nací en Málaga en el año del gallo, y vivo en una casita de dos pisos de las afueras de Pamplona. La encontrarán porque es amarilla con dos ventanas sin barrotes arriba y otra de hierro abajo, la más bonita de por ahí. La puerta es de madera pintada de marrón, para más señas. No lo olviden. Si escuchan el rumor de la máquina de escribir, que no debe confundirse con el vuelo de los colibríes que bajan a almorzar, aléjense en silencio porque paso a limpio mi próxima historia y, por favor, vuelvan otro día", dijo en el lanzamiento de su libro La media perdida.
Este escritor colombiano, nacido en 1957, es licenciado en Literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá y especialista en traducción ha recibido muchas distinciones. Su libro Las batallas de Rosalino le valió el VII premio Enka de Literatura Infantil (1989); Caperucita Roja y otras historias obtuvo el premio Comfamiliar del Atlántico (1991); La muchacha de Transilvania y otras historias de amor fue acreditado con el premio nacional de literatura Colcultura (1993); y Torcuato es un león viejo recibió el premio nacional de Dramaturgia (1998).
En la actualidad Triunfo Arciniegas dirige talleres de literatura en diversas ciudades de Colombia. Sobre su incursión en el mundo de la literatura infantil, el escritor comenta: "Cuando empecé a escribir para niños descubrí el humor, aprendí a divertirme. Me extasié en la contemplación de objetos. Di con otro mundo, exploré mi propia infancia, que como toda infancia es infinita".
Una autobiografía
"Padecí el consejo que Hemingway daba a los escritores: una infancia desgraciada. Pero no quiero ahondar en las desdichas que vienen con el alcohol y la miseria, sino precisar que mi niñez, pozo inagotable, es y seguirá siendo Málaga. Ya era un lector entonces, ya era un solitario y atrapaba pájaros con cauchera y sombrero. Mi niñez terminó precisamente cuando papá decidió que nos fuéramos a vivir a Pamplona. Dejé en Málaga el primer gran amor de mi vida, mi abuela Emperatriz. Qué arrogancia, ¿verdad? Soy Triunfo, nieto de Emperatriz. Ni ella ni yo decidimos nuestros nombres. Ella vivía de lavar ropa ajena, y yo apenas soy un pobre bebedor de relámpagos. Mantuve con mi abuela una relación afectuosa, poética y comercial. Durante la semana memorizaba coplas. Se las declamaba el domingo y ella me enviaba a entregar un traje recién lavado y planchado y con el peso que recibía del dueño entraba a cine. Poesía con poesía se paga. Pero entonces mi papá, con ese corazón de gitano, decidió una vez más que nos íbamos de Málaga. Ya habíamos vivido en Sogamoso, Belencito y Ragonvalia. Me fui a Pamplona por un sendero de lágrimas y comencé a escribirle a mi abuela largas cartas, con ilustraciones, y sin respuesta, por supuesto. Una tía se encargaba de la lectura. Cuando se me agotaba el tema, inventaba. De ahí vengo, de las cartas a mi abuela. Pamplona era entonces más frío que ahora y el viento nos mordía las orejas. No había árboles. Para colmo, llegamos a vivir en la parte alta, detrás del cementerio. Una vez vi enterrar a un pobre sin cajón, en la tierra cruda. Como había llovido, al caer en el hueco, el cuerpo salpicó a los presentes. En esa atmósfera desolada, ante las montañas peladas y sin un solo amigo, me refugié en la lectura de los libros y pronto empecé a escribirlos. En los primeros años todavía atrapaba golondrinas.
“Todo lo que soy se lo debo a los libros”, le oí decir a Ana María Machado en Cartagena. Vengo de los libros, pero no de una familia de intelectuales. Mis abuelos no aprendieron a leer, mis padres no terminaron la educación primaria y fui el primero de la familia que asistió a la universidad. La timidez me hizo solitario y la soledad me hizo escritor. La vida exige una pasión, según Borges, y la mía son los libros.
Leí, en la Biblioteca Municipal, El Tesoro de la Juventud, una enciclopedia que nunca he vuelto a ver, y los libros que la bibliotecaria seleccionaba para mí. Leí La isla del tesoro, de Stevenson, y durante años temí despertar en una isla desierta. Había un mueble en un rincón, con vidrio y chapa, que la bibliotecaria abría con una pequeña llave de oro que colgaba de su cuello, para los usuarios especiales, ciertos caballeros que provocaban mi envidia. Años después, en una visita a Málaga, me acerqué al famoso mueble y vi un libro que me interesaba. Se lo solicité a la biblioteca, la misma viejecita de todos los años, y sólo cuando me senté a leerlo me di cuenta que estaba cumpliendo uno de los sueños de mi vida".
Triunfo Arciniegas