Apertura de Préstamo Externo en la Biblioteca Joaquín Piñeros Corpas

Que los jóvenes ya no leen. Que la tecnología y las redes sociales atrofian a los lectores. Que la letra en pantalla no es mensaje sino notificado, vistazo, fugacidad. Que la lectura reposa en el papel, la curiosidad en la biblioteca y el mérito en la cantidad de líneas. Todas generalizaciones disparadas como retos para las bibliotecas de hoy.

Veo, empero, aparecer mágicamente letras sin mi caligrafía en pantalla mientras escribo palabras que nadie leerá impresas. Cuento más de 300 amigos de la Biblioteca con sus consabidos “me gusta” de Facebook enterándose de las actividades de la biblioteca. Muchas caras que nunca he visto más que en fotos. Recuerdo también mis trasnochos universitarios entre PDFs que me salvaron del libro perdido, del bolsillo vaciado, de la fotocopiadora cerrada. Pero también recuerdo el olor de los libros viejos de casa, la compañía de libros prestados testigos de trasnochos míos y ajenos, el misterio de una frase subrayada o comentada por un antiguo lector que nunca conoceré, y que las líneas que leo no me develan. He escondido la mirada al entregar un libro tarde en una biblioteca pública y he recibido mi multa con resignación y culpa.

La lectura por sobretodo es un acto de encuentro con otros a través de los sentidos, de nuestras sensaciones más propias. Sentimos por ello la textura de la impresión sobre las hojas. Reconocemos el sonido de un paso de hoja. Olemos el tiempo en las bibliotecas cafés de los papás y abuelos. Escuchamos lecturas labios que las comparten. Todo ello es lectura. Lectura del mundo, de otras miradas, de otros sentidos estimulados.

Las bibliotecas públicas de hoy resuelven esos dilemas de la diversidad de lectores, de variedad de información al alcance de un click, del abandono del espacio físico de la biblioteca desde una nueva lectura de contexto. Una que deja entrever las nuevas dinámicas de los usuarios de hoy, las nuevas necesidades de las poblaciones donde están ubicadas. Los ritmos acelerados a los que se ven lanzados. Las diversas formas de responder a la necesidad de recreación e investigación. Las bibliotecas de hoy ya no son casas de libros olvidados en anaqueles. Ya no secuestran los libros para que permanezcan eternamente nuevos. Ahora, por el contrario, resuelven su vocación de enseñar a leer a través de la tertulia literaria, de la alfabetización informacional, de las actividades culturales, del préstamo de espacio, de la difusión de interés local por medios alternativos. Pero sobretodo, de saber que la biblioteca no está en el espacio que ocupan los anaqueles sino en el acto del lector encontrándose con su objeto de lectura.

Llevar lo dispuesta a la lectura al lector e invitar a éste último al encuentro con el libro, videos y todo tipo de información, es la misión de la biblioteca. Lo que es también sacar los libros y la biblioteca de las nociones eclécticas que han venido manejando los bibliotecólogos clásicos del “shish” y la bata de médico. Sacar la biblioteca pública es liberarla del concepto de recinto de castigo, silencio y exclusividad para los sabios. Es abrirse a la posibilidad de ver lectura del mundo en las palabras de los ancianos, en las expresiones culturales, en los documentos audiovisuales, en los dibujos que tocan los niños en libros multicolor, sin letras y con tres páginas de 5 milímetros de espesor.

Propiciar el hábito de lectura en bibliotecas públicas municipales como la Joaquín Piñeros Corpas de Soacha, es posible desde la promoción creativa y libre del material. Hoy son más los que invierten horas en la sala de informática que la de lectura. Hoy el encuentro con el libro se construye desde la invitación al espacio del libro con diversidad de actividades. El mérito está en saber hacer atractivo el libro al usuario que ya vino a la biblioteca.

Una de las estrategias más exitosas que ha tenido la biblioteca de hoy en este esfuerzo es la extensión bibliotecaria, en la que son los libros quienes viajan a donde están los usuarios a invitarlos a un viaje literario. Y el préstamo externo donde son los usuarios quienes recogerán los libros para invitarlos a un viaje por la vida de lectores, arrullando la noche de un niño, acompañando trasnochos, recibiendo el verdor de un parque, siendo huésped de lujo en escritorios y mesitas de noche desconocidas…

Ésta posibilidad de encuentro en distintos lugares del lector con su interés de lectura, de llevar la biblioteca a las casas, aulas, parques de los soachunos; de volver los libros, películas y demás material de la biblioteca viajeros por el territorio de la mano de lectores usuarios de la Biblioteca Joaquín Piñeros Corpas, se abre al municipio tras un arduo trabajo de catalogación, capacitación en el sistema KOA de consulta en línea y promoción del servicio. Queda aún muchos soachunos a los que llegar. Muchos libros y material audiovisual por ingresar al sistema y desempolvar de sus anaqueles.

¡Que los que gustan de la tecnología lean con ella y que los que se apegan al papel impreso lo lleven a casa!. Igual, los perros ladran, señal que cabalgamos (MC)…

Me alegra haber sido parte de este logro que, en palabras de don Luis, uno de los más asiduos promotores de lectura en Soacha, es un evento histórico que revoluciona la historia de la lectura en Soacha. Comparto algo de lo que ha sido el proceso de inauguración y promoción del servicio el pasado 5 de diciembre:

Ver discurso de Ana Otilia Rodriguez en la apertura:

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