Sobre mi lectura pendiente…

Estaba convencida que durante los tres meses de mi pasantía (y que ya pronto culmina) tendría tiempo para leer: “Historia de la Sociedad de la Información” de Armand Mattelart. El libro me lo regaló mi mejor amigo Augusto Romero, alias “Charito” con un bello escrito en una tarjeta pequeña, la cual conservo como separador de libros. Fue hace unos dos años. ¡Caramba! Y no he podido terminar de leerlo y eso que le tengo tremendas ganas. Comparto algunos de los postulados de Mattelart, sus lecturas me sorprenden y me aterrizan en mi contexto político, económico, cultural. Pero, ¿qué ha sucedido?

Recuerdo que a inicios de enero, le dije a Charito: “Te cuento que me voy a llevar a Mattelart al Cauca, debo leerlo en estos tres meses”. Hoy, cuando veo el libro encima de la mesa de noche, siento un profundo pesar. ¡No lo terminé! Peor aún, no adelanté capítulo alguno. En Bogotá, la justificación obedece al poco tiempo libre, trabajar y estudiar al tiempo, es un abuso de este sistema. La lectura que realizo la mayoría de las veces, es para cumplir con trabajos de la universidad, es decir, son lecturas funcionales, claro que me significan las lecturas que he abordado en mi trabajo como bibliotecóloga de biblioteca escolar, pero estoy refiriendo a las lecturas de mi elección: una novela, un cuento, un ensayo porque sencillamente quiero leerlo.

Les quiero contar ahora por qué no pude terminar el libro, considerando que el problema del tiempo, ya estaba supuestamente resuelto. La explicación -no sé si realmente deba escribir pretexto- la puedo argumentar gracias a un escrito de Michéle Petit, titulado: “Lectura literaria y construcción del sí mismo” la autora señala: “… la lectura puede ser, a cualquier edad, un atajo privilegiado para elaborar o mantener un espacio propio, es “una habitación para uno mismo”, para decirlo como Virginia Wolf, incluso en contextos donde no parece haber quedado ningún espacio personal”. En Bogotá, no tengo tiempo, pero sí tengo las condiciones de leer sin ser observada, y si me ven leyendo, no genero extrañamiento, entonces estas palabras de Michéle, no me afectaron en su momento. Es decir, cuando leo, construyo un espacio propio, pero hasta ahora me vine a dar cuenta, debido a la experiencia personal que estoy viviendo en el Cauca.

Durante mi pasantía, no he podido leer como quisiera porque los espacios familiares donde me he hospedado, tienen un modo muy particular de ver la lectura. Me atrevo a escribir que dicho modo, no debe ser distinto a otras familias colombianas.

Las dos familias donde he estado viviendo, me han tratado con mucho cariño, me han hecho parte de sus vidas durante estos meses… Estoy muy agradecida, he tenido la buena fortuna de convivir con personas maravillosas. Frente a la lectura, hay una particularidad en los dos hogares, cuando me encuentran leyendo, siento que se desaniman, y lo siento así, porque me han preguntado: – “Pao, ¿está bien? – ¿Se aburrió y por eso se puso a leer? – “¿Por qué lee tanto, para qué? O al verme leyendo me invitan a hacer algo diferente. Y yo que realmente no estoy leyendo de manera juiciosa, me abrumo porque mis lecturas interrumpidas no dan espera. Sin embargo, empezamos a conversar sobre el por qué “leo” tanto…  Y así, termino realizando otro tipo de lectura, la de sus historias, sus miradas, sus gestos… pero de la lectura escrita, les cuento que estoy corta.

Sí, he vivido lo extraño que resulta leer por decisión propia y no por obligación. En las dos familias hay niños y niñas y siempre les animan a estudiar y lograr grandes cosas en sus vidas y por tanto, la clave -por ahora- está en ser unos buenos estudiantes. Sin embargo, en mi caso, cuando me ven leyendo, no siento que crean que estoy logrando “gran cosa”, al contrario, siento que me ven perder el tiempo. Y claro, ya he sentido un poco de temor de causar molestias y me siento inquieta, intimidada si me ven leyendo.

Siento profunda tristeza porque -y como ustedes bien lo saben- ver muchas horas de televisión al día, no causa extrañamiento. Los televisores, están prendidos desde muy temprano, y su ruido intenso es el acompañante de soledades y conversaciones hasta bien entrada la noche…

¿Será qué hago el intento de leer por debajo de las sabanas, como lo hacía mi mamá en el internado de la escuela en Santander? -Mmm no creo que sea capaz, quedaría dormida rápidamente-. Finalmente, también me ha gustado encontrarme con la lectura de la oralidad de un contexto social, tan diferente al mío. Sólo que no quisiera causar extrañamiento y mucho menos que la lectura se realice por imposición de quienes controlan qué debemos leer.

Les invito a que participen con sus comentarios en este post en particular, me parece un tema al cual debemos poner mucha atención.

Un abrazo, Paola.

Acerca de Paola Ochoa Rivera

Estudiante de Ciencia de la Información-Bibliotecología en la Pontificia Universidad Javeriana. Pasante de la Biblioteca Nacional de Colombia - Ministerio de Cultura, en el Municipio de Suárez y el Consejo Comunitario Afro de La Toma, Cauca.
Esta entrada fue publicada en Bitácora, Construcción social del territorio, Diálogos interculturales y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Sobre mi lectura pendiente…

  1. Angélica Petano González dice:

    Violeta, no se cómo empezar a escribir la profunda impresión que me ha dejado leerte entre líneas, entre las frases que enguyo burlándome de la correctora de estilo que llevo dentro y a la que dejo de lado para leerte sin pausa, muy despacio, volviendo a leer… Sonreí ante los comentarios de las personas que te miran leer con extrañeza o porque creen que estas aburrida. Tienes suerte, amo a mi madre, quiero aclarar pero me sucedía algo similar, cuando era niña me instaban a leer en voz alta, porque esta habilidad marcaba una indiscutible diferencia entre ser alguien y ser un “burro”. más tarde, cuando me veía devorando libros con una ansiedad de adicta, decía que terminaría por enloquecerme, que los libros habían echado a perder a mi abuelo. No pude evitar escribir lo anterior porque tus frases hicieron que volviera a verme de pie, ante mi papá, en segundo grado, leyendo “de corrido”… Saltando a otra parte, te escribí hace un momento que “Por tanto, es muy importante que se diseñen servicios como el de información local, trabajos sobre memoria local, fomento a la lectura y la escritura, para respaldar los procesos que vive la comunidad.” son palabras que tienen un significado muy profundo en mi cabeza y una resonancia no menos infinita en mi corazón, por eso puedo decirte Viole “… cuánta razón!…” Te imagino caminando por las calles de alguno de estos “pueblos” (no quiero que suene peyorativo), en un andar pausado, sin el despiadado afán de las calles citadinas, te veo mirando como se cuela el sol por entre las hojas de los árboles, cómo cambia de color el cielo cuando empieza la tarde, te siento escuchando los murmullos de una vida que se construye con una calma apacible de siempre y que sin embargo es tan turbulenta, que uno no alcanza a entender cuando es de noche, en qué se fue el día… Y así pasan los días… Me resulta tan familiar y me siento conmovida con tu experiencia… Ahora que también me parece tan familiar ese cuento del alcalde de “no hay plata”, claro, no la hay para la Biblioteca, ni para nada que signifique un estremecer de la ignorancia que pueda proveerle a las personas herramientas para pensar y ser capaces de tomar decisiones … Viejo cuento… Y tan gastado… Tanto que mentalmente trato de obviar mi andanada de reproches, porque si lo mismo observo aquí, con una maravillosa vista a espejos de agua que la brisa mueve hasta crear mágicos ires y venires, con los cerros de Bogotá al fondo, caminando sobre encerados pisos de madera, en – probablemente – una de las Bibliotecas más hermosas de Latinoamérica, aunque por experiencia conozco lo que viste, no alcanzo a imaginar aún, lo que has encontrado en una Biblioteca Pública municipal de este pais… Sin embargo, no vamos a rendirnos, no es así Viole?

    • Mi Isis! claro que no vamos a rendirnos. Leerte siempre lo sabes muy bien me ha encantado, como también saber que mi escrito te transportó a algunos momentos de tu niñez. (Cuándo vas a tener un blog?)
      La experiencia de la pasantía me ha aterrizado en muchos aspectos. Conocer un poco otro contexto diferente al mío y sin embargo, encontrar el mismo punto de encuentro: la biblioteca pública, ha sido vital para mí. He generado profundo cariño por esta biblioteca, te lo manifiesto. Recuerdas Isis, cuándo te decía que mi biblioteca, era la pública, pues ahora estoy más que convencida. Es tan importante su existencia pero tan desconocida por tantos… Tenemos que trabajar más en ese aspecto. Prepararnos más para hacer que la biblioteca pública sea uno de los espacios clave para formarnos como ciudadanos y rechazar la desidia de la administración de turno.
      Abracito!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


cinco + = 11

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>