"Desvíos de la naturaleza"
 
 
"Desvíos de la naturaleza"

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Lo que hoy se denomina en la medicina moderna como malformaciones congénitas o defectos del desarrollo generó un peculiar interés desde la antigüedad grecorromana, durante la Edad Media y el Renacimiento debido a su carácter insólito, por ser rarezas y curiosidades biológicas. De allí que en toda Europa proliferara una abundante literatura de prodigios y maravillas para representar las anormalidades vegetales, animales y humanas, como monstruos. Estos fueron definidos como alteraciones de la especie, símbolo de las trasgresión de la naturaleza, de su orden y sus leyes. Médicos, naturalistas, teólogos y hasta juristas se ocuparon del monstruo como una figura de la anormalidad, fenómenos "contra natura" que desataron una actitud ambigua de terror y al mismo tiempo de fascinación morbosa.

 

En particular, los defectos y deformaciones patológicas del desarrollo del cuerpo humano asociadas a los siameses, hermafroditas, eunucos, fetos con defectos de desarrollo y mutaciones genéticas, entre otros, fueron concebidos como monstruosidades que generaron la profusión de cartas, artículos de prensa, crónicas y hasta tratados. Durante los siglos XVI y XVII, el monstruo desató serias preocupaciones en la sociedad occidental, pues planteaba profundos cuestionamientos y dudas sobre la identidad natural y espiritual del hombre. A pesar de la revolución tecnocientífica que tuvo lugar en Europa en los campos de la astronomía, la medicina y las ciencias naturales durante el siglo XVII, persistía la concepción medieval de considerar a la naturaleza (creada por Dios) como “espejo de las realidades morales”. Esta situación explica que la aparición de los monstruos fuera interpretada como castigo divino debido a la complicidad con el diablo, relaciones carnales con bestias, exaltaciones de la imaginación aprovechadas por Satán, excesos carnales de los padres, presencia de materia impura o de sangre menstrual, la influencia de los astros o de mensajeros sobrenaturales que anunciaban un benéfico hecho divino, una catástrofe o el Apocalipsis. Para explicar estos accidentes de la naturaleza y una amplia diversidad de sucesos extraordinarios que trastocaban el curso rutinario de la vida local, existió un amplio abanico de causalidades en el campo de la teratoscopia, una rama de las artes adivinatorias basada en la interpretación de los monstruos y prodigios, muy propia de la cultura popular europea.

 

España y sus dominios coloniales no fueron ajenos a la producción literaria sobre los monstruos. El tratado del médico y profesor aragonés, Joseph de Rivilla Bonet y Puello, "Desvíos de la naturaleza", que reposa en la colección de libros antiguos de la Biblioteca Nacional de Colombia, hace parte de la literatura médica escrita en Hispanoamérica durante el siglo XVII, con motivo de tales rarezas biológicas. El texto fue impreso y publicado en la ciudad de Lima en 1695, con motivo de la solicitud que le hiciera el virrey, Melchor Fernández Portocarrero, al protomedicato de la Universidad de San Marcos de Lima, para dictaminar el nacimiento de siameses muertos que conmovió la vida local. Se trataba de dos mellizos unidos por el tronco, nacidos a Teresa Girón, primeriza de 19 años, esposa de Salvador de Olmedo, el 30 de noviembre de 1694.

 

La autoría del profuso y documentado tratado ha sido objeto de debates, pues algunos autores adjudican su escritura al erudito médico limeño Pedro Peralta y Barnuevo, un destacado catedrático rector de la Universidad de San Marcos de Lima. La información del texto indica que Peralta no fue el autor del texto, pero sí un importante mediador, quien recibió la solicitud del virrey y testificó y acreditó la autopsia realizada por Rivilla.

 

Hoy, el tema de los monstruos puede parecernos un entretenimiento morboso de una sociedad premoderna ganada por las supercherías, sin embargo, no fue así. Se trataba de un tema central para el saber médico, la historia natural, la teología y las ciencias jurídicas. Debido a que la figura monstruosa fue concebida como señal o advertencia de “futuras venganzas y graves males”, jugó un papel de suma importancia en las guerras y conflictos religiosos que asolaron a Europa a partir de la Reforma protestante, particularmente contra la Iglesia católica en Alemania, Inglaterra y Francia, mientras que en España sirvió de propaganda al Concilio de Trento y la Contrarreforma. Dentro de las pretensiones taxonómicas de la historia natural propia de la época y teniendo como fondo las continuidades de las especies, el monstruo hizo aparecer la “especificidad”, algo así como una “subespecie” que narra la génesis de las diferencias; no se lo interpretaba como otra “naturaleza”, sino como una “metamorfosis del prototipo”, tan natural como las otras formas de la naturaleza. En cuanto a los discursos teológico y jurídico, definir la identidad del sujeto deforme fue esencial para aclarar su relación con los sacramentos y su lugar en la vida civil, de manera que no se trató de un tema superfluo. Al respecto, las preguntas que suscitaron los siameses (monstruos de dos cabezas) que sobrevivieron se dirigían a definir: ¿a quién de ellos bautizar?, ¿se trataba de dos seres con un alma o dos entidades espirituales con un solo cuerpo? No fue menos debatido el lugar de los hermafroditas: ¿cuál identidad concederles en el momento del bautizo, la de hombre o la de una mujer? Ello fue decidido generalmente por los padrinos. ¿Cuál de las identidades iba a ser reconocida por la Iglesia católica y por el Estado al momento de que el hermafrodita tomara el sacramento del matrimonio? ¿cuál de ellas iba a adoptar el hermafrodita mismo?, lo cual le estaba permitido una vez alcanzara la adultez.

 

El tratado de Rivilla hace eco de la amplia cultura académica del autor, pues para explicar el “monstruo de dos cabezas” que conmovió a la ciudad de Lima, se pasea por lo más granado de la literatura teológica, de la historia natural y de los autores más reconocidos de las tradiciones médicas aristotélica, hipocrática y galénica. De igual modo, hace gala de las más importantes publicaciones que suscitó el tema en la Europa de los siglos XVI y XVII, y es un excelente documento para emprender el estudio de uno de los capítulos más excitantes de la historia cultural del orbe americano.

 

Juan Carlos Jurado

Doctor en Historia

 

Joseph de Rivilla Bonet y Puello. Desvíos de la naturaleza o tratado del origen de los monstruos. Lima, Imprenta Real de Josep Contreras y Alvarado, 1695. Libro ubicado en Sala Fondo Antiguo No. clasificación: RG 5967

 

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