Los dibujos de Alberto Urdaneta (1870-1887)

 

Disfrute la colección de dibujos de Alberto Urdaneta

 

La Biblioteca Nacional de Colombia posee una importante colección conformada por tres álbumes con dibujos al grafito realizados por Alberto Urdaneta entre 1870 y 1887. Estas piezas gráficas sintetizan el pensamiento visual de aquel intelectual colombiano que le apostó a la creación de la Escuela Nacional de Bellas Artes durante el gobierno del presidente Rafael Núñez en 1886.

Urdaneta nació el 29 de mayo de 1845, en el seno de una familia de ricos terratenientes de la sabana de Bogotá. Desde muy temprano su educación se orientó hacia la fe en Cristo bajo la tutela de los clérigos de la Compañía de Jesús. Como militar incursionó en la organización de las guerrillas conservadoras de El Mochuelo de Soacha en 1876, incluso creó el pasquín político que llevaba este mismo nombre, periódico que recogía las ideas beligerantes de un grupo de jóvenes que se oponían a la ideología radical del gobierno del presidente Aquileo Parra.

Pese haber viajado a la ciudad luz cuando tenía 20 años para estudiar al lado de prestigiosos pintores como Jean-Louis Ernest Meissonier –aquel que pintó a Napoleón en la gélida campaña de 1814–, sus intereses estuvieron al margen de las vanguardias parisinas que le dieron la bienvenida a la modernidad de Baudelaire y los impresionistas. Su trabajo pictórico se caracterizó por seguir fielmente los preceptos del academicismo, inclinación que empezaba a tornarse anacrónica para la época.

Urdaneta fue conocido además por fundar El Papel Periódico Ilustrado en 1881, primera publicación seriada que incluyó imágenes xilográficas para acompañar textos que reseñaban los principales hechos de la vida nacional. Estas ilustraciones se hicieron a partir de fotografías realizadas por artistas residentes en Bogotá –como Julio Racines y Demetrio Paredes– y de algunos de los dibujos contenidos en los tres álbumes que preserva la Biblioteca Nacional, que sirvieron como base para ejecutar magníficos grabados, muchos de ellos ejecutados por el grabador Antonio Rodríguez.

Una de las xilografías sobresalientes es la que retrata la procesión del día de Corpus Christi bajo la tutela del arzobispo de Bogotá, José Telésforo Paúl y Vargas. Dicha imagen sintetiza el auge de las relaciones entre la Iglesia católica y el Estado proclamado mediante la Constitución de 1886. Entre los dibujos del álbum que fueron convertidos en grabados se destacan los retratos de personajes de la historia social y política del siglo XIX en Colombia, entre ellos: Francisco Antonio Zea, José María Espinosa y Manuel Uribe Ángel, entre otros.

Alberto Urdaneta fue un hombre que advirtió la importancia de formar artistas en campos de trabajo que se tornaban novedosos para la época en nuestro medio. Algunas técnicas que introdujo al país –como el grabado en madera o xilografía y la litografía– son indicio del impacto contundente de la mecanización como medio efectivo para multiplicar los mensajes captados visualmente. Por lo tanto, su labor se constituyó en una forma pionera de realización editorial, pues “El Papel Periódico Ilustrado” fue un medio importante para que los colombianos vieran, por primera vez, cómo los textos escritos se acompañaban profusamente de imágenes que pretendían ilustrarlos. Otra notable hazaña de Urdaneta fue la creación en 1886 de la Primera Exposición Anual de Bellas Artes. La fundación de este salón permitió abrir el camino hacia la consolidación de espacios culturales donde los aspectos sociales e intelectuales se conjugaban a favor del desarrollo de las bellas artes en Colombia. Coincidiendo con sus preocupaciones políticas, Urdaneta produjo también una obra plástica, que obtuvo sus mejores resultados en los dibujos que conserva la Biblioteca Nacional de Colombia.

Urdaneta murió en 1887, cuando su proyecto editorial de El Papel Periódico Ilustrado pasaba por el mejor momento. Quedó frustrada entonces una empresa intelectual que sobrepasaba con creces a las reiteradas ansias de guerra.

La colección de dibujos

Alberto Urdaneta sintetiza mediante sus dibujos el pensamiento y el obrar de aquellos que defendieron los preceptos de la Regeneración. Sus obras están contagiadas del espíritu combativo de su época. La colección de dibujos se puede agrupar en tres categorías: las caricaturas o dibujos que funcionaban como armas políticas, los retratos y las descripciones de la vida cotidiana en tiempos de guerra.

Caricaturas: entre la fidelidad y la deformidad

Fue el historiador del arte Ernst Gombrich (1938) quien indicó que la caricatura establece la “diferencia entre el parecido y la equivalencia”. Esta idea es crucial para entender por qué la exageración de los aspectos físicos particulares en los rostros humanos se constituye en factor de deterioro de la imagen personal del retratado. En tiempos de guerra retratar al enemigo es importante para identificarlo –uso del parecido– como líder adverso. Sin embargo, ese parecido es parcial, pues la caricatura implica además la deformación de algunos aspectos corporales con el fin de generar imágenes cercanas a la muerte simbólica, pero por la vía de lo monstruoso.Lo ominoso de la caricatura está en la manera como conviven los aspectos afables con los indeseables en una sola figura, rompiendo la equivalencia entre el cuerpo representado y la imagen como representación  notablemente trasformada. La caricatura es una forma de quebrar el “yo” de la otra persona, de ahí su contundencia política. Esta condición crítica de la imagen es evidente en las caricaturas realizadas por Alberto Urdaneta, muchas de ellas publicadas en El Mochuelo en 1877.

Una mirada detenida de la obra de Alberto Urdaneta nos permite observar cómo sus retratos lograron copiar fielmente la imagen de sus copartidarios políticos, retratos que están acompañados, en el álbum, por una carta o nota personal que manifiesta la simpatía existente entre el retratado y el artista. Una situación totalmente contraria se constata en las caricaturas que hace de sus detractores políticos: en ellas la fidelidad se transforma en deformación corporal del retratado. Esta sencilla observación permite explicar el nivel de segregación social que manejaba el artista por medio de sus obras. La importancia de estos dibujos no radica tanto en el virtuosismo de sus trazos, sino en el arquetipo psíquico que plasmó; elemento que nos permite comprender mejor la mentalidad de un pintor que actuaba como cronista comprometido con una facción política.Dentro de las caricaturas de Urdaneta destacamos aquella magnífica que retrata a Manuel Murillo Toro, Aquileo Parra y Santos Acosta como artífices de la Constitución de Rionegro, y en la que es evidente la influencia del presidente Tomás Cipriano de Mosquera. En esta imagen los personajes parecen obedecer las órdenes supremas de una fuerza oscura.

Desde esta misma perspectiva crítica figura la imagen horrenda de Ramón El Sapo Gómez, así como el retrato del deforme Guillermo Rubiano, conocido como “Machete”. Con bastante saña representa además a Luis Bernal en el dibujo titulado “Fin de la guerra y empréstito voluntario”, igual sucede con “Aguardiente de olla, arbitrios rentísticos” o “De cómo se pierde una Secretaría (de Hacienda)”. Un par de caricaturas están dedicadas a la quiebra del Banco de Bogotá (“Remedios oportunos y Para ver y no tocar”).

Finalmente, Urdaneta le dedicó un par de dibujos a registrar al grupo de personas que perpetraron el crimen del 20 de octubre de 1876, entre ellas sobresalen dos mujeres: Liboria Cañón y Biviana Zetina. En este último conjunto pictórico a la mujer campesina se le otorga un lugar subordinado en su papel de asesina, allí la figura femenina pudo ser objeto de maltrato simbólico, pues la pluma de Urdaneta parece fijarse en los móviles físicos, pero deja de lado los motivos intelectuales, seguramente masculinos, que perpetraron el crimen.

Retratos

Urdaneta fue un buen retratista. Su obra contenida en los álbumes que conserva la Biblioteca Nacional nos brinda los rostros (de perfil) de algunos colombianos que vivieron intensamente las guerras de la segunda mitad del siglo XIX. En sus dibujos encontramos aspectos idiosincráticos (distinción de clase mediante el vestido y por medio de una sinopsis biográfica) y estéticos. Si miramos estas grafías con detenimiento es probable que logremos captar el sentimiento que los acompañaba en el momento de realizarlos. Es el carácter psicológico del retrato el que más podemos destacar en la obra de Urdaneta.

Un buen retrato no es sólo una reproducción de un individuo que posa como un objeto frente a un medio que lo registra mecánicamente, es algo más, pues los mejores retratos son aquellos que logran captar el aura que habita en el individuo. En ese sentido, Urdaneta alcanzó su objetivo tornándose en maestro, condición que logró desarrollar gracias a tres factores fundamentales: su formación académica, el reducido tamaño del medio artístico colombiano y su notable capacidad para vincularse con las altas esferas políticas y sociales que gobernaban al país, especialmente entre 1881 y 1887.

Dentro de los individuos retratados se encuentran personajes como: Marcelino Saboyá, Ricardo Portocarrero, Diego Fallon, José María Samper, José María Espinosa, Rafael Núñez, José Joaquín Ortiz, José Manuel Marroquín, Domingo Maldonado, Francisco Javier Cisneros, Ricardo de Carrasquilla, Enrique Berbeo, Rafael Pombo, Rafael Santander, Jorge Vargas, Manuel Uribe Ángel, José Caicedo Rojas, Joaquín Ortiz, Francisco A. Gutiérrez, Ricardo Charry, Higinio Cediel, Guillermo Uribe, José María Polanía, Honorato Lozada, Alejo Madero, Luis García, José María González Malo, Juan de Dios Díaz, José Joaquín Malo Manrique, Andrés Escallón, Miguel Jaramillo y Horacio Sáenz, entre muchos otros.

Las descripciones de la vida cotidiana en tiempos de guerra

Uno de los aspectos que mayor conmoción nos produce son aquellos dibujos que representan, de manera silenciosa y descriptiva, los desastres de la guerra. Nos referimos entonces a ese magnífico paisaje rural que muestra la llegada de un ejército a una casa campesina, y donde el encuadre nos habla de lo sublime que tiene el paisaje colombiano. En ese mismo camino de la sensibilidad visual ubicamos el dibujo que se titula Autobiografía, un magnífico boceto que muestra a un grupo de siete soldados que parecen no saber actuar en ese absurdo teatro bélico.

No menos dramáticos son los dibujos de cadáveres, como el del general Rudecindo López o los de Rafael Núñez y Francisco Javier Zaldúa. Pero si bien la muerte nos cuestiona, el aspecto que más nos conmueve son los que muestran a los niños de la guerra, aquellos que figuran descalzos y vistiendo ruanas campesinas. Ver estas imágenes nos produce un efecto anacrónico de comparación, pues de inmediato vienen a nuestra mente los rostros del sinnúmero de personas desplazadas que han ido a vivir recientemente a las grandes ciudades colombianas, aquellas que encontramos todos los días en las calles pero que nunca vemos.

Ricardo Rivadeneira Velásquez

Magíster en Historia y Teoría del Arte y la Arquitectura de la Universidad Nacional de Colombia.