"S. Ignacio de Loyola fundador de la Compañía de Iesus. Poema Heroyco"

 

 
"S. Ignacio de Loyola fundador de la Compañía de Iesus. Poema Heroyco"

[+] Disfrute de un fragmento del texto El Poema heroyco

 

Hernando Domínguez Camargo nació en Santafé de Bogotá en 1606 y murió en Tunja hacia 1659. Durante su vida adulta hizo parte del estamento eclesiástico y legó a la posteridad una obra que, si bien se reduce a unos pocos elementos, permite enumerarlo entre los más destacados cultivadores de las letras nativas de la Audiencia de Santafé durante la dominación colonial hispánica. Su producción literaria se compone de una serie de poemas, entre los que se destaca el dedicado A un salto por donde se despeña el arroyo de Chillo, y su obra de “crítica literaria” la Invectiva apologética, que se hallan en el Ramillete de varias flores poéticas, recogidas y cultivadas en los primeros abriles de sus años (Madrid, 1676) compilado por el jesuita guayaquileño Jacinto de Evia. Además se conserva un poema socarrón dedicado a Guatavita que vio la luz en las Genealogías del Nuevo Reino de Granada de Juan Flórez de Ocariz, y, por supuesto, el Poema Heroyco dedicado al fundador de la Compañía de Jesús.

 

En vida, Domínguez Camargo no hizo imprimir ninguna de sus obras, no podemos saber si fue por una decisión voluntaria o forzada por las difíciles condiciones propias de la publicación. La imprenta sólo sería introducida en la Nueva Granada hasta 1738 por la gestión de los jesuitas, situación que obligaba a los autores activos en épocas anteriores a recurrir a imprentas casi siempre en la Península. Sólo hasta 1666, El Poema apareció en Madrid, salido de las prensas de Ioseph Fernandez de Buendía, las Genealogías entre 1674 y 1676, y el Ramillete en 1676, fechas de publicación que indican que en las décadas inmediatas a su muerte las obras del clérigo santafereño continuaban siendo de interés. Sin embargo, desde entones un velo de oscuridad recubriría a Domínguez Camargo y su obra.

 

A finales del siglo XVIII, Manuel del Socorro Rodríguez dedicaba buena parte de su apología a la literatura neogranadina (Papel Periódico de Santafé de Bogotá, 1792) al Poema Heroyco de Domínguez Camargo, en la que reconocía que este era una rareza, situación que dificultaba su difusión. En el siglo siguiente, debido a su marcado gongorismo, sería juzgado duramente por críticos literarios como José María Vergara y Vergara y el español Meléndez y Pelayo. Sólo con la renovación del interés respecto a la obra de Luis de Góngora, en la primera mitad del siglo XX, se comenzaría a ver con nuevos ojos a la producción del poeta neogranadino.

 

Si bien este autor nació y vivió en el Nuevo Mundo, su utillaje mental estaba compuesto por elementos provenientes de la tradición cultural hispánica y occidental. Además, la formación que recibió de manos de la Compañía de Jesús le hizo poseedor de conocimientos sobre la preceptiva retórica y poética que había regido la producción literaria en Europa desde la antigüedad grecolatina, los cuales sirvieron de estructura subyacente a sus textos. Hay quienes han deseado ver en la riqueza pictórica, explayada por Domínguez en su poema, un reflejo de la soberbia naturaleza americana que lo rodeaba, juicio que si bien puede no ser falso, desconoce el campo literario al que pertenecía el poeta. De hecho, y a diferencia de lo que ocurre en sus poemas menores, las referencias a América en el Poema Heroyco son muy pocas, situación que se hace más patente cuando se considera la desmesurada extensión del canto al hijo de Loyola.

 

El Poema se redactó a partir de las características propias del género de la poesía épica, en sus acepciones española e italiana, y del corpus hagiográfico que se había generado en torno a la figura del fundador de la Compañía. De las primeras, se podría afirmar que Domínguez Camargo tomó a grandes rasgos la estructura que se le había de dar al poema y cierto tono “épico” acorde al género; del segundo, recogió los hitos a partir de los cuales se debía disponer el entramado narrativo de la obra. Sin embargo, la originalidad de Domínguez Camargo no reside en la narración novedosa o heterodoxa de los acontecimientos que caracterizaron a la vida de san Ignacio, sino en la manera en que decidió efectuar su presentación. El autor neogranadino llevó a cabo más que un simple recuento de la biografía del santo, pues utilizó los variados recursos propios de la preceptiva retórica para crear una realidad textual imbuida de una riqueza de imágenes y conceptos que abruman al lector contemporáneo.

 

Es importante recalcar el papel que jugó la obra de Góngora para Domínguez, pues le sirvió como fuente casi inagotable de metáforas, analogías, imágenes y dispositivos poéticos. Se podría afirmar que en muchas ocasiones la realidad textual del Poema Heroyco es más una elaboración, o reelaboración, del mundo hermético de la lengua de Góngora que una narrativización de la vida real de Loyola o incluso que aquella propia del territorio neogranadino. El uso realmente elaborado de figuras retóricas y la erudición (que debería abarcar la tradición cristiana, clásica y de la literatura emblemática) que implica la penetración de los conceptos expresados, hacen que hoy en día, debido a que la gran mayoría de lectores carecen de este bagaje, buena parte de la obra resulte difícil de aprehender. En su época, el público que pudo tener en mente Domínguez Camargo tampoco habría sido numeroso; sólo los miembros más educados y de cultura más erudita habrían podido asumir el reto de enfrentarse al Poema Heroyco. Para constatar lo anteriormente enunciado se presenta un pasaje de la obra; aquí se describe una ternera, gallinas y un conejo que se van a consumir en un banquete:

 

Mentida Isis en la piel, pudiera
acicalar en Argos el desvelo
de la que el Tauro codició ternera,
por darle ilustre sucesión al cielo;
lasciva Parca de las flores era
la que (la luna el cuerno, el sol el pelo)
víctima cayó idónea, y dió la vida
por que pródiga fuese la comida.
Cuantas copias el gallo perezosas
(ceñido de rubí crespo turbante)
si bellas no, crestadas celó esposas,
Gran Turco de las aves arrogante
tantas con quejas lamentó amorosas
(torcido el cuello, aún de la más amante)
cuando el estrago, que él lúgubre llora,
el fuego enrubia y el rescoldo dora.
Alma de la arterias de la sierra,
en blandas pieles Dédalo mentido,
aquel que en laberintos mil se encierra
en un taladro y otro que ha torcido
conejo, aun desde el centro de la tierra
espíritus le late al prevenido
can, que lo fía en el convite ileso,
en fe que es suyo el uno y otro hueso.

(estrofas LV-LVIII, canto I, libro I)

 

Domínguez elabora las imágenes más ricas de su obra cuando describe escenas como banquetes, las cuales si bien son propicias para el desarrollo de una lúdica de las palabras, no corresponden con los puntos del relato que la tradición hagiográfica sobre Loyola había determinado como más relevantes. Esta situación permite considerar que si bien la faceta devocional del Poema fue fundamental (aunque al poeta lo expulsaron de la Compañía durante su juventud, mantuvo relaciones más bien estrechas con sus excorreligionarios durante toda su vida y preservó su devoción ignaciana), así mismo lo fue su faceta de obra de arte. Si bien en una sociedad sacralizada, como en la que se elaboró el Poema, lo “artístico” no se había independizado aún como una esfera autónoma del actuar de los integrantes de la sociedad; reconocer este carácter “dual” que presenta la obra –objeto de devoción y objeto literario– es fundamental para su caracterización.

 

A pesar de que el utillaje mental de Domínguez Camargo era “europeo”, las condiciones en las que escribió sus textos fueron las propias de la sociedad neogranadina; un mundo carente de imprenta, donde los libros circulaban con dificultad y se consideraban un bien de lujo. Si se considera su aislamiento de los centros culturales de la península, e incluso de los hispanoamericanos más importantes como México o Lima, resulta notable la participación destacada de Domínguez Camargo en una de las corrientes literarias más en boga de la hispanidad de su época: el gongorismo. En sus soledades neogranadinas, Hernando Domínguez Camargo creó un desmesurado monumento al lenguaje del maestro cordobés, por medio de una loa al primer jesuita.

SANTIAGO ROBLEDO, Historiador de la Universidad Javeriana 

 

[+] Disfrute de un fragmento del texto El Poema heroyco

 

DOMÍNGUEZ CAMARGO, Hernando. S. Ignacio de Loyola fundador de la Compañía de Iesus: poema heroyco: obra póstuma. Ed. Joseph Fernández de Buendía, Madrid: 1666.(Perteneciente al Fondo Vergara, ubicado en la Sala Fondo ntiguo, Nº clasificación: F. Vergara 118)