"Semanario del Nuevo Reyno de Granada"  (1808-1810)

El Semanario del Nuevo Reino de Granada1, editado por Francisco José de Caldas entre 1808 y 1810, y las distintas memorias que aparecen en esta publicación, constituyen un material histórico de enorme valor. Su aparición tuvo lugar en un período decisivo para la historia política de España y sus colonias; y resulta significativo que en plena crisis del imperio español exista una publicación periódica que tiene como propósito divulgar, entre un grupo de criollos, aquellos conocimientos considerados útiles para el buen gobierno y la prosperidad de la Nueva Granada.

Así, el Semanario es una rica fuente de investigación que nos permite entender mejor las relaciones entre la Ilustración, la ciencia, la cultura y la política; entre el conocimiento científico y el poder en la América española a inicios del siglo XIX. 

Francisco José de Caldas juega un papel determinante y a todas luces protagónico en la historia del Semanario, y constituye una figura clave para estudiar los principales rasgos de la ciencia ilustrada en el contexto colonial español. Su condición de español-americano, de criollo letrado, y su interés y capacidad para la astronomía, la geografía y la historia natural, lo hacen un personaje clave para estudiar las prácticas científicas, tecnológicas y políticas en la Nueva Granada a comienzos del siglo XIX.

El Semanario del Nuevo Reyno de Granada no es la única publicación periódica de carácter científico en Hispanoamérica de este momento. En la segunda mitad del siglo XVIII aparecieron más de cuarenta nuevos periódicos2 en todas las ciudades importantes del territorio hispanoamericano. Los periódicos publicados en América durante la segunda mitad del siglo XVIII y comienzos del XIX otorgaron amplios espacios a temas científicos. Como ejemplos destacados podemos mencionar: la Gazeta de Literatura de México, editada por José Antonio Alzate, y el Mercurio Peruano, Papel Periódico de Historia, Literatura y Noticias, publicado por Jacinto Calero y Moreira en Lima. Es común a todos estos proyectos el interés por la geografía y por los temas de economía, astronomía, historia natural, agricultura, minería, química y en general todos los conocimientos que según sus promotores resultan útiles e indispensables para “la prosperidad de cualquier civilización” y, en particular, para el único futuro posible y “feliz” de los habitantes del territorio americano. 

Al Semanario del Nuevo Reyno de Granada lo anteceden otras publicaciones periódicas en Santafé de Bogotá. Entre ellas están la Gazeta de Santafé de Bogotá (1785), El Papel Periódico de la Ciudad Santafé de Bogotá (1791-1797), El Correo Curioso, Erudito, Económico y Mercantil de la Ciudad de Santafé de Bogotá (1801), el Redactor Americano y el Alternativo de Redactor Americano (1806-1809).

La imprenta, y en particular los periódicos, han estado relacionados con lo que algunos autores llaman el surgimiento de la esfera pública y con la idea de cultura política, es decir, con la consolidación de actitudes y valores compartidos entre grupos sociales particulares3.

El Semanario es un proyecto editorial que buscó establecer una diferencia con los periódicos anteriores como el Papel Periódico de Santafé y el Correo Curioso, y persiguió una identidad y un prestigio en la seriedad de sus escritos, más de corte científico que literario o periodístico. Caldas enfatiza la demarcación entre lo útil frente a lo superfluo e insiste en que el carácter instrumental y pragmático del conocimiento no cesará a lo largo de todo el periódico. Así, el objeto de atención de la publicación debe ser, según su editor, los problemas de “primera necesidad”, aquello que reporte consecuencias prácticas para las “necesidades de la patria”. En últimas, lo que tenga un efecto transformador de cara a la “prosperidad del Reino”.

Es también notorio el ímpetu en las palabras iniciales de Caldas sobre la necesidad de conocer lo local, lo “nuestro”. Este es un elemento clave para entender los escritos de los criollos letrados, quienes encontraron en las prácticas científicas un claro mecanismo de apropiación y control del territorio y los recursos americanos. El Semanario tendrá un carácter local en parte por necesidad, pero también como política de su editor. No es un órgano de divulgación de textos extranjeros, de autores europeos o de los filósofos franceses, como lo fueron los Anales de Ciencias Naturales y muchas otras de las publicaciones de la Ilustración española, sino que está dirigido a quienes habitan el reino y se ocupa de problemáticas que, en este sentido, podríamos considerar locales. Es interesante recordar que, con la notable excepción de Alexander von Humboldt, las memorias del Semanario son en su gran mayoría de autores criollos4.

La primera memoria, publicada en enero de 1808, es un texto de Caldas que se titula “Estado de la geografia del Vireynato de Santafé de Bogotá con relacion à la economia y el comercio, por don Francisco Joseph de Caldas, individuo meritorio de la Expedición Botánica del Reyno, y encargado del Observatorio Astronómico de esta capital”. Esta memoria servirá como modelo del tipo de preocupaciones dignas del periódico y como un paradigma de retórica, forma y estilo. Entre los autores más destacados, además del mismo Caldas, podemos destacar a Jorge Tadeo lozano, Francisco Antonio de Ulloa, Eloy Valenzuela, José Manuel Restrepo, Joaquín Camacho, José María Salazar y Alexander von Humboldt.

El primer año del Semanario se caracteriza por la presencia de memorias de extensión considerable (en total se publicaron seis durante este año), las cuales aparecen en partes de ocho páginas y de manera semanal. Así, la finalización de una memoria podía tomar seis números, es decir, un período de tiempo de seis semanas. Los lapsos de tiempo comprendidos entre el inicio de la publicación de una memoria y su conclusión demuestran que la característica material del Semanario, de ocho páginas por edición, no podía ser producto del deseo de su editor, sino resultado de las limitaciones técnicas de la imprenta y de los costos del proceso de impresión que, como en repetidas ocasiones lo señala Caldas, no alcanzan a ser compensados por el número de suscriptores.

En el año de 1809 se percibe un cambio interesante respecto al año anterior y a 1810, no está compuesto únicamente de memorias, sino que se encuentran más contribuciones cortas enviadas a Caldas por distintos individuos desde diferentes zonas del territorio y se publican más cartas de lectores. En cierta medida podría decirse que los lectores adquieren mayor visibilidad en las páginas del periódico y que en este año el ideal que se propuso Caldas en el primer año del Semanario de encontrar una comunicación y un intercambio de información con sus lectores es más notorio.

Por su parte, el año de 1810 marca una serie de cambios significativos en la publicación. El primero y más notable de ellos es el nuevo formato; a partir de este año dejan de aparecer números semanales para comenzar a publicarse memorias completas en las cuales no aparece fecha de publicación. Incluso el nombre del periódico cambia y de ahora en adelante llevará el título de Continuación del Semanario del Nuevo Reyno de Granadapero sus objetivos, en términos generales, serán los mismos.

“Los objetos serán la Agricultura, Industria, Comercio, Economía, Caminos, Rios navegables, Montañas, Producciones de nuestro suelo, las Ciencias exâctas en todos sus ramos, la Física, la Eloqüencia, Poesia, Historia, y todo quanto pueda contribuir al mejoramiento, ilustracion, y cultura del Nuevo Reyno de Granada. Los elogios de los hombres de mérito por su saber, y por sus virtudes, y las traducciones interesantes en sí mismas, y con relacion à nosotros, tambien tendrán lugar en nuestro Semanario5.

En cuanto a sus contenidos, para este año puede constatarse que el Semanario se centra aún más en la figura de Caldas, no sólo por el número de memorias que son de su autoría, sino por el amplio espacio que dedica a su correspondencia y sus debates con otros criollos de la Nueva Granada frente a la publicación. Este año aparecen dos traducciones de textos de Humboldt con amplias y detalladas notas y comentarios del editor. El Semanario seguirá apareciendo a lo largo de 1810 y si incluimos los distintos almanaques elaborados por Caldas como parte del Semanario tendríamos que extender su existencia hasta 1811 cuando se publica el Almanaque de las Provincias Unidas del Nuevo Reyno de Granada para el año de 1812.

Los cambios políticos que se vivieron en España y en América en estos años, sobre todo la proclamación de un nuevo gobierno para la Nueva Granada que desconoce la autoridad de la Corona española, se verán reflejados con claridad en las páginas del Semanario. Ahora el editor del periódico expresará su inconformidad con el gobierno peninsular con el que hasta entonces se había identificado. Siempre fiel a los ideales ilustrados, en las notas que acompañan los textos de Humboldt, Caldas arremete contra el gobierno español acusándole de opresor y de haber adoptado “el bárbaro sistema de embrutecernos para dominarnos”6.

1. Para un análisis completo del Semanario ver: Mauricio Nieto Olarte, Orden natural y orden social: ciencia y política en el Semanario del Nuevo Reyno de Granada, Bogotá, Universidad de los Andes, 2007.

2. Para una lista completa de estas publicaciones periódicas, sus  fechas y directores ver Saladino García, Ciencia y prensa durante la Ilustración latinoamericana, Toluca, Universidad del Estado de México, 1996, pp. 69-71.

3. Ver Silva, Renán, Los ilustrados de Nueva Granada 1760-1808: genealogía de una comunidad de interpretación, Bogotá, Banco de la República, 2002.

4. Para una descripción detallada de los contenidos del Semanario ver anexo 1 del libro: Orden natural y orden social: ciencia y política en el Semanario del Nuevo Reyno de Granada, Bogotá, Universidad de los Andes, 2007.

5. Caldas, Francisco José, Semanario del Nuevo Reyno de Granada, p. 374.6. Ídem, notas al pie de la Memoria, 10, pp. 16-21

Mauricio Nieto Olarte

Doctor en Historia de las Ciencias de la Universidad de Londres.