¡Cómo no querer ser jurado para siempre, si alguien nos lo propusiera!

Por Irene Vasco*

20 de noviembre de 2025

A partir de sus recorridos como jurada por distintas regiones del país, Irene Vasco evoca viajes, encuentros y aprendizajes vividos junto a bibliotecarios y comunidades, para reflexionar sobre la evolución y el impacto de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas.

A nombre del Jurado del Premio Nacional de Bibliotecas Públicas, Beatriz Helena, Natalia y yo, queremos agradecerle a Adriana Martínez y al querido equipo de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, Sandra, Luz Adriana, Luz Dary, por esta invitación. Por mi parte, ya había vivido esta enriquecedora experiencia en el año 2018 y soñaba con repetirla.

Por supuesto, agradecemos también a los compañeros de viaje, Carol, Juliana, Daniel y Sebastián, de la Biblioteca Nacional, por la calidez, la compañía, la solidaridad y las risas durante las intensas jornadas de viaje. Más de una vez me sentí como un miembro de la "Troupe de Molière", con nuestras mochilas a la espalda, entrando y saliendo por los municipios del país, maravillándonos con sus paisajes y llenando nuestro equipaje con las delicias gastronómicas locales. ¡Cómo no querer ser Jurado para siempre, si alguien nos lo propusiera!

Más allá del disfrute, en cada una de las bibliotecas visitadas, percibimos la amistad que nace entre los libros y los programas de formación de ciudadanos. En particular, a mí me conmovió la convicción de que ser parte de los programas bibliotecarios es ser parte de una hermandad entre la comunidad visitada y los jurados visitantes, hermandad no declarada, pero sí sentida por unos y otros.

Nos llevaría horas mencionar a cada persona de las que nos consintieron, así que hacemos mención únicamente de las cabezas, con la certeza de que todos sabrán que los llevamos en el corazón. Gracias, Dalila y Felipe, de la León de Greiff de Cali; Ligia, de la Francisco Arévalo Claro de La Playa; Marcela, de la Franco Loddo Poluxxi de Mesetas; Diana de La Marichuela de Usme; Veira Luz de la Pascual Orozco Madrid de San Andrés de Sotavento; Luz Marina de la Eudoro Gómez de La Macarena; María Astrid de la Monseñor Esteban Rojas de Pitalito; Andrés Felipe del Centro Cultural de Cali de Cali; y Eder, de la San Juan Bosco de Mosquera. Gracias, también a los GAB, a las autoridades y a todos los que acompañaron las entrañables visitas, imposibles de olvidar.

Durante 30 años he recorrido las bibliotecas de Colombia. Las he visto crecer y transformarse, acompañadas sabia y profundamente desde la Biblioteca Nacional y la formidable Red de Bibliotecas Públicas, que amarra, sacude, fortalece, enriquece, compromete a las más de 1.500 bibliotecas, grandes, medianas y pequeñas que contribuyen desde sus regiones al fortalecimiento de la nación.

Hace unos 30 años, llegaba a los municipios a dictar mis talleres cargada de grandes maletas de libros. Sabía que había avidez por leer, por formar lectores, por apoyar a la educación. Sin embargo, las bibliotecas, si las había, carecían de todo. Hoy en día, me basta con un morral con elementos personales. He sido testigo de excepción de la transformación de Colombia a través de sus bibliotecas.

Los bibliotecarios comprometidos reciben colecciones de calidad, se reúnen en los encuentros departamentales, son visitados por los tutores, se capacitan virtualmente, comparten sus experiencias en redes, se nutren de talleres y conferencias, aprenden a exigir lo que corresponde a Cultura de las autoridades locales. En fin, actualmente la Red de Bibliotecas Públicas de Colombia es un buen ejemplo de crecimiento del país.

Así que mis felicitaciones no son sólo para las nueve bibliotecas finalistas del Premio Nacional, sino para todas las personas que desde la Biblioteca Nacional acompañan los procesos.