Saludo Premio Nacional de Bibliotecas Públicas 2025
En la décima edición del Premio Nacional de Bibliotecas Públicas, este saludo celebra la fuerza de la red y reafirma a las bibliotecas como espacios vivos de encuentro y construcción colectiva.
Bienvenidas y bienvenidos a la Biblioteca Nacional de Colombia. Un saludo especial y mi agradecimiento a la ministra Yannaia Kadamani, a mi compañera Sandra Suescún, coordinadora del grupo de Bibliotecas Públicas, a Luz Adriana Martínez, líder de asistencia técnica, a cargo de este premio, y a cada una y cada uno de los compañeros de la Biblioteca Nacional de Colombia con quienes todos los días trabajamos para que las bibliotecas, las palabras, los libros, la lectura, la escritura y la oralidad sean una posibilidad para todas y todos los colombianos.
Mi agradecimiento y admiración a las antiguas directoras de la Biblioteca Nacional que hoy nos acompañan: Ana Roda, Consuelo Gaitán, Diana Restrepo. Esta celebración de hoy es también una celebración de su trabajo en esta biblioteca, y nos emociona que estén aquí. Gracias también a quienes por años, desde asociaciones y otras entidades han trabajado de manera comprometida por las bibliotecas de Colombia.
Esta es una tarde feliz, una tarde para celebrar juntos que el Premio Nacional de Bibliotecas Públicas ha llegado a su décima edición, y que más allá del número redondo, o de lo que significa completar una década, estos diez años son una larga historia que se ha escrito entre muchas y que nos habla del trabajo comprometido de nuestras bibliotecas, de sus bibliotecarios, sus comunidades, y de los que todos los días, en cada municipio de Colombia alimentan proyectos transformadores que se han fundado sobre palabras, sobre vínculos entre seres humanos y sobre ideas y principios que parecieran ir en contra de lo que nos dictan estos tiempos del mundo. La comprensión de lo público, el tiempo para leer y escribir, la lucha por la igualdad, la felicidad de encontrarnos físicamente, de conversar, y de a veces compartir el silencio, todas son ideas que parecen de otros tiempos, pero que desde las bibliotecas nos hablan a diario de lo que significa defender a la cultura como derecho fundamental y entenderla como un derecho necesario para el cuidado de la vida, la democracia y la justicia social.
El premio Daniel Samper Ortega lleva el nombre del director de la BNC entre 1931 y 1938, y aunque cada año lo decimos, puede que algunos en esta sala no hayan oído hablar de él. Daniel Samper Ortega fue uno de los grandes promotores de las bibliotecas públicas en todo el territorio nacional y su trabajo es el antecedente de lo que hoy conocemos como la Red Nacional de Bibliotecas Públicas. A él le debemos también este edificio en el que hoy funciona la BNC y este premio, que lleva su nombre, busca celebrar ese camino que hasta hoy ha recorrido Colombia en materia de políticas públicas de lectura, escritura y bibliotecas.
Hace diez años Moisés Melo ideó este premio que es como una ventana que cada año se abre para mostrarnos cómo viven y trabajan las bibliotecas de Colombia y las maneras en las que han transformado sus comunidades. La Hormiga, Putumayo / San Vicente del Caguán, en Caquetá / Samaniego, Nariño / Inzá, Cauca / Carlos E. Restrepo y La Victora, en Bogotá / Leticia, Amazonas / Ovejas, Sucre / Pizarro-Bajo Baudó, Chocó / Ipiales, Nariño / Florencia, Cauca, son algunas de las bibliotecas que me emociona nombrar y que en estos diez años han sido merecedoras de este reconocimiento y hoy continúan enseñándonos y trabajando como articuladoras y como inspiración para una red de más de 1560 bibliotecas en el país.
Pensaba esta semana que tal vez otro de los atributos que tenga este premio en estos tiempos de individualidades es precisamente el hecho de que, más allá de premiar a tres bibliotecas, es también una celebración que cada año nos recuerda la fuerza de la red que lo sostiene.
El trabajo en red de las bibliotecas públicas de Colombia es un tejido fuerte y tupido que recorre todo el país. La Red Nacional ha conseguido pensarse de manera horizontal, construye continuamente conocimientos compartidos y nos sigue ensañando a trabajar en colaboración. Quienes trabajamos con la red nos sentimos orgullosos de ser parte de ese tejido que abraza a pequeñas, medianas y grandes bibliotecas de Colombia para enseñarnos que cuando trabajamos juntos nunca estamos solos, y que siempre somos más capaces juntos que separados.
Y en ese espíritu de solidaridad que nos enseñan las bibliotecas, en esta edición especial del premio hemos querido expresar nuestro más profundo agradecimiento al Gobierno de Japón por su invaluable compromiso con las Bibliotecas Públicas de Colombia. Entre 2003 y 2024, gracias a la generosa cooperación japonesa, se han construido 168 bibliotecas que hoy forman parte de la Red Nacional, beneficiando a más de 3 millones de personas en 24 departamentos del país.
Esta alianza, que representa uno de los logros de cooperación internacional más significativos para Colombia en el ámbito cultural y educativo, es el resultado del trabajo continuo y conjunto entre el Gobierno de Japón, las autoridades locales, el Ministerio de las Culturas y la Biblioteca Nacional de Colombia.
Desde la primera biblioteca inaugurada en 2004 —la Biblioteca Pública Municipal La Casa del Pueblo en Inzá, Cauca, galardonada en 2017 con el Premio Nacional de Bibliotecas Públicas DSO— hasta las más recientes, cada una de estas 168 bibliotecas representa un puente de solidaridad entre nuestros países y un legado de esperanza y oportunidades para las comunidades.
Al Gobierno de Japón, nuestra gratitud infinita por creer en el poder transformador de las bibliotecas y por su decidido compromiso con el desarrollo cultural de Colombia.
Por último, y en tiempos de cambio como los que se avecinan, quisiera invitarlos a que en los meses que vienen, juntos mantengamos viva y activa la conversación sobre la defensa de las bibliotecas públicas en Colombia y en el mundo.
Estoy segura de que el trabajo de las nueve bibliotecas finalistas que hoy conoceremos nos llenará de ideas para activar esa conversación y dar fe de que, en este país, las bibliotecas son de todas y todos y que su valor está no en lo que producen, sino en lo que son capaces de construir socialmente, y que su existencia en cada municipio de Colombia es ya una declaración de principios sobre el tipo de sociedad que queremos ser.
Gracias a las bibliotecas finalistas de Mesetas, la Playa de Belén, Cali, Bogotá, San Andrés de Sotavento, La Macarena, Mosquera y Pitalito, por llenarnos de argumentos para esa defensa necesaria de las bibliotecas en Colombia y gracias a todos y todas ustedes que nos acompañan hoy.
Qué vivan siempre las bibliotecas.